Esa es exactamente la pregunta que me estado haciendo hace un largo rato ya. ¿Tengo que ir a buscarte? ¿Vas a llegar uno de estos días? ¿Cuánto tendré que esperar? ¿Será que viniste y no te vi pasar? De ser lo último tendría que asumir que se castiga la torpeza o la idiotez. No lo sé. No he sabido si saliendo a buscarte abandoné el hogar al que habrás venido tú a buscarme. Peor aún, cuando aguardé tu llegada debí aproximarme más allá de la ventana.
Hay días en que siento tu olor cerca, tus manos, tu susurro. Pero son muchos más los que siento la desolación profunda y las ganas se tranforman en incontenibles reproches.
¿Cómo te encuentro?
Quizás sólo tenga que aceptar que no es mío es dulce triunfo de volver a amar.
¿Hice algo mal? o ¿será que nunca me supe levantar?
Te llamo, te invoco para que vengas antes de que las ganas ya no saboreen ni siquiera un poco.